Porque el glutatión es una molécula que, cuando se ingiere, puede degradarse durante la digestión, y su llegada intacta a la célula suele ser limitada. Por eso, el enfoque nutricional más habitual cuando se habla de glutatión no es “tomarlo”, sino apoyar su síntesis proporcionando al organismo los precursores adecuados para que cada célula lo produzca donde lo necesita.
En ese contexto se entiende el papel de aminoácidos como la cisteína (precursor limitante en muchos casos) y el interés en proteínas del suero cuidadosamente conservadas. Para conectar todos estos puntos en una visión clara, visita Glutatión y bienestar.

